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Alertas por la pesca en el Mar Argentino

Artículo editorial referido a los alertas que es necesario considerar en materia pesquera

Como sabemos la Argentina se caracteriza por ser un país costero con una amplia plataforma continental y un extenso litoral marítimo sobre el Océano Atlántico Sur, con importantes recursos pesqueros de gran accesibilidad.

Cuenta, además, con una significativa estructura de extracción y procesamiento industrial pero, con una fuerte dependencia del mercado internacional para la comercialización de los recursos pesqueros.

La actividad pesquera argentina ha experimentado cambios estructurales de gran importancia en las últimas décadas como consecuencia de la participación relativa de las distintas especies explotadas en las capturas, de la composición de las flotas en operación y de la distribución geográfica de los desembarques. El principal recurso pesquero, la merluza común (Merluccius hubbsi), ha sido grave e intensamente explotado y se encuentra por este tiempo en serio riesgo de colapso, con escasas posibilidades de orientarse hacia otras especies alternativas por su menor abundancia.

A esta situación alarmante se le suma la problemática de la captura del calamar, ya que numerosos buques de distintas banderas violan acuerdos y convenciones acerca de este recurso. De allí que un buen control por parte de Argentina se hace cada vez más urgente. Por otra parte, un importante foco de los conflictos que se generan en la actualidad es que el control del uso y explotación de los recursos pesqueros se encuentra en manos del Estado argentino, por lo tanto su manejo está sujeto a los diferentes intereses de turno en el gobierno.

La depredación de la merluza

Hasta hace poco más de dos décadas el volumen de riqueza pesquera de la Argentina excedía la capacidad de explotarla; ninguna especie estaba en peligro ni era declarada no excedentaria (es decir, que no tiene excedentes y ya no se la puede pescar sin límites). Pero, ya en 1988 y en 1991 hubo advertencias de la autoridad científica, el Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero (INIDEP), de que la merluza comenzaba a menguar. A pesar de esto, y desde el año 1994, hubo acuerdos firmados con la Unión Europea y la pesca aumentó en un importante volumen.

Las condiciones que se debían cumplir en los acuerdos con la UE se basaban en la venta o transferencia de permisos de pesca. A pesar de los límites que ponían los convenios, los barcos activos cedían sus permisos, pero conseguían otros a través de remates de empresas en quiebra, bajo amparo de jueces civiles y comerciales de Mar del Plata. Los armadores mixtos (sociedades temporarias entre empresarios argentinos y europeos), cubrían la capacidad ociosa de sus bodegas con la obtención de permisos de barcos de firmas en quiebra o por duplicación ilegal de permisos. También se vendieron permisos caducos.

Con todos estos mecanismos se formó una especie de “mercado flotante de permisos truchos”. A esto se le sumó que, muchas veces, los barcos no fueron reemplazados por otros de igual capacidad de captura, sino por unidades considerablemente mayores o factorías. Además, muchos de los buques que cedían su licencia igual salían a pescar. Cuando no hubo más merluza recién se la prestó atención al tema, a pesar de los constantes anuncios del INIDEP. El pescado más popular empezó a escasear; el que se consume en el débil mercado interno, el que más importa y el que más se exporta.

Fue tal la depredación de la merluza que el INIDEP en el año 2000 calculaba que “aun cerrando la pesca de merluza todo el año, no se garantiza un normal desarrollo de la especie en los dos años siguientes”. Esta depredación no sólo fue consecuencia de la sobreabundancia de transferencias de permisos de pesca, sino que también hubo, mar adentro, una práctica depredatoria concretada por una nueva generación de barcos con una brutal capacidad de pesca que salteaban los cupos que les adjudicaban.

Desde luego, como ocurre con otros países, si el mar argentino contara con vigilancia y control adecuado y efectivo no se hubiera llegado a esta situación actual de sobrepesca. Ello hace necesaria la existencia de una mejor organización por parte del Estado que incluya un buen control, tanto de permisos como de los cupos; y para evitar peores consecuencias en los pescadores medianos y pequeños. Son estos pescadores los más desfavorecidos, ya que como siempre los grandes empresarios, tanto nacionales como internacionales, ya hicieron un pingüe y gran negocio con la depredación de la merluza; en cambio, los dueños de los barcos fresqueros pequeños y medianos, necesitan del trabajo diario para su subsistencia.

El auge del calamar

El calamar es un molusco cefalópodo que se ubica desde los 54°S hasta los 23°S. En otoño se observan importantes concentraciones a lo largo de la plataforma externa y el talud continental. Esta especie es muy buscada por los países asiáticos como negocio y alimento. Corea, por ejemplo, consume más de 400 mil toneladas de calamar por año, de lo cual solo un tercio es capturado en aguas propias.

La explotación del mar argentino por parte Japón, China, Corea, Taiwán, Polonia y Rusia, es consecuencia de la sobrepesca que afectaba y afecta a otros mares, como ocurre con el mar de Japón; además de la existencia de condiciones logísticas similares a lo que ocurre con la merluza. Por otra parte, en otras especies también se está anunciando un riesgo de sobrepesca, lo que impide la diversificación de los barcos que se dedican a la pesca de merluza hacia esas especies.

Es muy interesante saber que ya a principios de la década del 90 se advertía la necesidad de un control por parte del Estado argentino para evitar la sobrepesca. Con respecto a este tema, Argentina y Gran Bretaña prohibieron el 28 de diciembre de 1990, de común acuerdo, la pesca comercial en un área marítima con forma de semianillo ubicada al este de la Zona de Conservación y Administración Pesquera. Esta prohibición tenía como objetivo principal detener la depredación que buques de terceras banderas cometían contra el calamar.

Otro tanto ocurre con los pesqueros nómades. Estos representan un grave problema. Se trata de buques de bandera extranjera que se instalan en la milla 201 y atraen a los cardúmenes con un sistema de potente iluminación. El 80% de estos buques son de origen asiático y reciben este nombre debido a que luego de agotar sus propios caladeros, extraen el recurso de aguas internacionales.

Conclusión

El mar argentino que cubre el área de la Zona Económicamente Exclusiva (1164500 km2), se caracteriza por contar con una muy importante riqueza y una alta biomasa en diversas especies. Esta riqueza se debe a las favorables condiciones ecológicas del área que permiten el desarrollo de especies para el consumo humano destacadas a escala mundial.

Los puertos argentinos que se dedican a la captura, industrialización y comercialización de los recursos pesqueros son numerosos, pero cada uno con una importancia diferente. Así, en las últimas décadas el puerto de Mar del Plata, que tradicionalmente fue el más importante puerto argentino, ha perdido relevancia a nivel nacional, mientras que los puertos patagónicos, como Madryn y Deseado, han aumentado su actividad en forma notable.

Este cambio en cuanto a la cantidad de desembarques también se puede observar en la participación relativa de las diferentes especies y de las distintas flotas de barcos. Además las exportaciones de productos pesqueros han variado en cuanto a su composición y dimensión. Es decir, que es evidente que en las últimas dos décadas se ha producido una transformación muy importante en la actividad pesquera argentina.

Los acuerdos pesqueros vigentes causan graves problemas tanto por su reglamentación como por la falta de regulación, es decir de control, por parte de la Argentina. Además, el que se concretó para la pesca de merluza, estuvo rodeado por una importante corrupción relacionada con la Subsecretaría de Pesca de la nación y los permisos para pescar en nuestro mar. El resultado de semejante desorden fue la sobrepesca de la merluza, con las graves consecuencias que trajo consigo. Ante tanta desidia no es posible ignorar lo que ocurre en nuestro mar. Aún hay tiempo de tener un estado funcionando como corresponde en este importante aspecto.

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