publicación digital geográfica

El desafío del desarrollo rural. La marginalidad de los trabajadores rurales

Boletín de Estudios Geográficos N° 31  María Teresa Herner

INTRODUCCIÓN

La reestructuración del sistema capitalista de corte neoliberal de las últimas décadas ha provocado una serie de transformaciones en los diversos ámbitos de la vida de la sociedad, profundizadas a partir de las políticas de ajuste estructural, la desregulación, la apertura de la economía, de su dinámico crecimiento y modernización.

Estos cambios impactaron en el medio rural en América Latina, como así también en Argentina, y muchos de los fenómenos que se manifiestan en la actualidad están directamente vinculados con la naturaleza de dichos procesos y con algunas de sus consecuencias.

El espacio rural, no puede permanecer al margen de este fenómeno de escala planetaria, por ser considerado un espacio social producto de procesos históricos que reflejan la interacción de los diversos agentes sociales y de las relaciones que establecen al interior del mismo y con el contexto del cual forman parte.

En este marco se ahondan las heterogeneidades preexistentes que generan cambios productivos y sociales que se manifiestan en el territorio a través de diversos emergentes, entre los que sobresalen las modificaciones en la estructura agraria, la propiedad y tenencia de la tierra, con una marginación de los pequeños y medianos productores, y con ello, las alteraciones en las tendencias en la ocupación.

Estos factores contribuyen a que muchos de los trabajadores vivan y trabajen marginados del progreso y del desarrollo de los últimos tiempos. De esta manera aparecen en escena una multiplicidad de respuestas o estrategias de organización, de producción y comercialización alternativas a los programas y proyectos tradicionales de desarrollo rural con otras lógicas de organización del territorio, que implican la interacción y concertación de los actores sociales que participan del desarrollo y que buscan caminos que les permitan encontrar otros espacios territoriales que los integren.

Su mayor desafío pasa por la capacidad de formular políticas viables que favorezcan la inclusión de los sectores rurales empobrecidos o en realidades de extrema vulnerabilidad y marginalidad y que generalmente no son considerados por tratarse de pobladores que por su número o condición no son usualmente estudiados o no son lo suficientemente atrayentes para analizarlos, pero que viven en el campo o lo transitan.

La reestructuración global y sus efectos en el espacio rural

Durante las últimas décadas se asiste a un creciente avance del proceso de globalización, que ha generado profundas transformaciones a nivel económico, político y social, promoviendo la fragmentación, la descentralización y también la despolitización, erosionando la capacidad regulatoria de los Estados, cuestionando la legitimidad de las representaciones políticas para tomar decisiones, fortaleciendo los mercados, tecnificando la cuestión social y modificando la estructura de los espacios geográficos y de sus agentes sociales.

La globalización es un proceso contradictorio y complejo: por un lado intenta integrar a las diversas sociedades en su lógica, y por otro desintegra pautas y parámetros sociales existentes. Al mismo tiempo que aspira a una mayor inclusión territorial, genera una evidente exclusión ciudadana, y pretende una estandarización en los postulados económicos e institucionales, produce graves desequilibrios regionales y políticos.

Además la globalización promueve una ideología aparentemente igualitaria en cuanto a los beneficios deseables de su desarrollo, pero en la práctica genera una enorme desigualdad entre individuos y países, y si bien se presenta como un movimiento sincrónico y homogéneo en el espacio, se caracteriza por ser asincrónico y heterogéneo. “Por esto, la globalización puede fortalecer o debilitar a los distintos países, incorporar o fragmentar las diversas sociedades, y reforzar o disminuir el poder de los distintos actores sociales y políticos. En consecuencia, la globalización no es un sinónimo de orden, estabilidad y armonía sino que se singulariza por la ambigüedad, la incertidumbre y la competencia”. (Tokatlian; 2000:30).

En este sentido, se pueden identificar la existencia de ganadores y perdedores en el ámbito rural. Teubal plantea la importancia creciente que adquieren los complejos agroindustriales dirigidos por grandes corporaciones transnacionales estrechamente relacionadas con el comercio mundial de productos agropecuarios, la provisión de insumos y tecnología, el procesamiento industrial y la distribución final de alimentos, y la expansión de los pool de siembra, al igual que otros mecanismos financieros que impactan en el tarea agropecuaria. Asimismo reconoce una serie de fenómenos emergentes del proceso de globalización que podrían asociarse con los “ganadores”: “La mayor concentración de la tierra, la consolidación de un nuevo latifundismo en el medio rural relacionado con el capital financiero y agroindustrial, la mayor concentración del capital en los diversos sectores que integran los sistemas agroalimentarios de los países latinoamericanos, la provisión de nuevos insumos y tecnología agropecuaria, la transnacionalización de partes importantes del sistema agroindustrial al que se asocia el medio rural, y la estrecha articulación y creciente integración vertical en el interior de importantes complejos agroindustriales” (Teubal; 2001: 47).

En el otro extremo surgen los “grandes perdedores”, objeto de una marcada exclusión social generada por este proceso. Al respecto Teubal sostiene que se desarrolla una intensificación del dominio del capital sobre el agro acorde a un sistema capitalista crecientemente globalizado, cuyas principales manifestaciones son: “la difusión creciente del trabajo asalariado; la precarización del empleo rural; la multiocupación; la expulsión de pequeños y medianos productores del sector; las continuas migraciones campo ciudad o a través de las fronteras; la creciente orientación de la producción agropecuaria hacia los mercados; la articulación de los productores agrarios a complejos agroindustriales en los que predominan decisiones de núcleos de poder vinculados a grandes empresas transnacionales o transnacionalizados: la conformación en algunos países de los denominados pool de siembra, etc.” (Teubal; 2001: 46-47).

Existe un peligro siempre presente si se mantienen las tendencias globalizadoras y claramente lo expresa Teubal “…es muy probable que tal ruralidad sea vaciada cada vez más de su contenido agrario… estas tendencias de la globalización apuntan al empobrecimiento e incluso desaparición de los tradicionales actores sociales del medio rural: campesinos, pequeños y medianos productores agropecuarios y trabajadores rurales…” (Teubal citado por Mabel Manzanal; 2006: 37).

No cabe duda que todos estos factores pueden ser relacionados con procesos de globalización y tecnológicos, que inciden sobre la exclusión social en el medio rural e influyen en la mayoría de los productores y trabajadores rurales, ya sean éstos pequeños y medianos productores, campesinos o campesinos y trabajadores sin tierra, incluyendo a los trabajadores y pequeños y medianos propietarios no agropecuarios del espacio rural.

María Teresa Herner

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