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Otro tema: violencia contra los docentes

Anida en el mismo ser humano, aunque está reprimida por las normas sociales. Cuando sale a la luz es porque hay una o varias causas. Es el refugio de las mentes pequeñas, según los chinos. La violencia tiene varios ropajes, no sólo es física, también psicológica…

A tono con la crisis de valores…

Los valores morales constituyen uno de los pilares que perfeccionan al hombre. Debemos entenderlos como el conjunto de creencias, costumbres y normas que orientan la conducta de una persona. Componen la conciencia que una persona tiene del bien y del mal. Por lo tanto, los valores morales inciden en las relaciones interpersonales y conforman la calidad de las mismas en una determinada sociedad.

Los seres humanos nos vamos interiorizando de estos valores morales en el seno del núcleo familiar. Allí aprendemos sobre el respeto, la tolerancia, la honestidad, la generosidad, la responsabilidad, la lealtad y la perseverancia, entre otros no menos importantes. A medida que maduramos comenzamos a asumir los valores sociales y a pensar en el respeto por nuestros semejantes; en la importancia de la cooperación, la comprensión y la vocación de servicio.

Sin embargo, por lo que observamos a diario, existe la sensación de que este proceso se ha paralizado o ha dejado de funcionar. Nos encontramos en numerosas oportunidades con que estos valores han dejado de apreciarse; que ya no se tienen en cuenta y, por tanto, poco o nada influyen en las relaciones sociales. Vivimos, sin duda, una crisis de valores lo cual se traduce en una crisis social.

Esta crisis de valores, en no pocos casos, da a entender que existe en la sociedad una especie de negación sobre su existencia o bien una ausencia o desaparición como normativa limitante en la interacción entre las personas. Sin duda, una especie de envión y señal de “avanti” para la aparición de acciones y conductas poco éticas que día a día vemos en nuestro entorno.

En otras situaciones se observan cambios y transformaciones en los valores. Prueba de ello es la nueva forma de relacionarse de las personas. La sustitución de las premisas llamadas tradicionales por una apuesta al individualismo, materialismo, hedonismo, conformismo, consumismo y cuanta hierba de este tipo aparezca en el horizonte de la tan mentada globalización.

Mientras tanto en la escuela…

Las escuelas son el reflejo de la sociedad, por lo que es necesario analizarlas conjuntamente. No se pueden considerar los cambios producidos en la escuela, sin tener en cuenta aquellos experimentados por la sociedad, porque estos últimos influyen en los primeros, y viceversa.

En una primera mirada concluimos en que el panorama no es diferente. En este marco de crisis de valores vemos, con una frecuencia alarmante, que los docentes no sólo son increpados o golpeados por los padres, en ocasiones también por los alumnos.

Se percibe cómo, progresivamente y cada vez en cursos más bajos, algunos alumnos amparados por sus padres, protagonizan conductas disruptivas y antisociales que afectan no sólo al docente sino también a sus propios compañeros.

Algunos padres pretenden que el profesor siga las pautas de trabajo que ellos marcan en la organización de las clases; quieren imponer sus criterios de permisividad hacia las actuaciones de sus hijos.

En ocasiones, una determinada recomendación, una llamada de atención o el rechazo a un trabajo práctico, desencadena una acción agresiva hacia el profesor, unas veces con intimidaciones, otras con amenazas, violencia verbal, hostigamiento, difamaciones, anuncio de interposición de denuncias, incluso, en algunos casos, con agresiones físicas.

No faltan casos en que se intenta culpabilizar al profesor de actuaciones que en ningún momento este ha llevado a cabo o levantar infundios buscando su descrédito delante del resto de alumnos o compañeros.

Cuando los alumnos comprueban que a pesar de existir un “reglamento de convivencia”, no se aplica y que sus actuaciones quedan sin sanción alguna, o que sus padres defienden y disculpan sus conductas antisociales, se sienten reforzados y tienden a repetir sus actuaciones para dejar claro quién es el que controla la situación y al grupo.

Esta situación de enfrentamiento y falta de respeto, además de conculcar el derecho a la educación del resto del alumnado, es el origen de muchos otros conflictos donde toman parte alumnos, padres y directivos; conflictos en los que el profesor, por el mero hecho de procurar mantener un clima de convivencia adecuado en la clase, llega a sufrir actos violentos, bien sea de palabra, en forma de insultos y amenazas o de hecho, con falsas denuncias, daños en su propiedad y, en casos extremos, agresiones físicas.

Conclusiones

Las instituciones educativas cumplen una función educadora, por lo tanto la trasmisión de valores, el respeto y la seguridad de todos sus miembros debe de estar garantizada. Sin el compromiso de toda la comunidad educativa, incluidos los padres de los alumnos que protagonizan estas conductas, será un objetivo difícil de conseguir.

No existe ninguna duda: las disposiciones reglamentarias y legales ayudan a mantener un buen clima de convivencia en los centros educativos y benefician al conjunto del alumnado. Sin embargo, la clave para que nuestro sistema educativo funcione sobre estos problemas, se encuentra en el conjunto de la sociedad.

Los padres y la sociedad en general suelen cometer el error, cuando se habla de convivencia en las escuelas, de percibir este problema como algo que les es totalmente ajeno; es decir una cuestión que solo atañe a la Institución y que esta es la que lo tiene que resolver; eso sí, siempre y cuando a todos se les apliquen las normas de convivencia establecidas excepto a su hijo, aunque este haya sido el responsable.

Padres, alumnos y profesores deberán caminar en la misma dirección, desde la responsabilidad y de forma coordinada. Para que esto ocurra no quedará más remedio que devolver la autoridad al profesor, componente y elemento básico del proceso educativo.

El acto de educar se produce entre personas iguales en dignidad pero situadas en distintos niveles de responsabilidad. Es necesario confiar en los profesionales de la enseñanza, tomar decisiones de forma conjunta, apoyar todas aquellas decisiones que adopte el profesor para ayudar al alumno a formarse tanto en conocimientos como en valores y a madurar como persona.

Seguramente muchos tendrán alguna crítica constructiva para aportar sobre este tema. Sin embargo, no faltarán los agoreros y los opinólogos de toda laya y calidad que desacrediten lo expuesto. A estos últimos les bastaría con darse una vuelta por las escuelas, conversar con los docentes y presenciar las clases para entender de qué se habla.

GEO – Artículo editorial de opinión

Análisis de las siguientes fuentes:
http://www.lagaceta.com.ar/nota/694517/opinion/violencia-contra-docentes-medicos.html
http://defensordelprofesor.blogspot.com.ar/
http://www.mdzol.com/nota/474965-docentes-agredidos-por-alumnos-dolor-y-frustracion/

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