publicación digital geográfica

Procesos y realidad geográfica

Partiendo de la dificultad de determinar con estricta exactitud el significado de lo rural, debido a las transformaciones que se han producido y se están produciendo en la sociedad en general, este trabajo pretende acercar, a través de una recopilación bibliográfica, los enfoques y propuestas emanadas desde el campo de la sociología y de la geografía para intentar explicar los procesos de cambio que se producen en el paso de la sociedad tradicional a la sociedad postindustrial, para terminar concluyendo que, a pesar de que se reconoce aspectos cambiantes en la sociedad rural, no hay dudas de que existen unos elementos arquetípicos propios de estas sociedades; no en vano la geografía rural ha desarrollado toda una serie de indicadores simples y complejos a lo hora de delimitar las áreas rurales.

Acerca de la definición del Espacio Rural

Aunque por motivos metodológicos abordamos las teorías y los procesos en dos partes separadas, hay que decir que no se trata de una evolución estrictamente cronológica pues, por un lado, la disolución de las diferencias urbanas y rurales se hacen progresivamente y, por otro lado, en el campo de la sociología rural se iniciaron y se agotaron más rápidamente los modelos en uso que en el campo del análisis espacial.

Una primera dificultad que surge a la hora de abordar el estudio del espacio rural es la de su definición, dificultad que se aprecia incluso en el momento de usar una terminología suficientemente precisa. En el ámbito de la geografía se han utilizado indistintamente, durante mucho tiempo, diversas nomenclaturas cuando se ha hecho referencia a espacios no urbanos, así términos como agrícola, agrario y rural se han ido utilizando en distintos momentos y por diversos autores sin gran precisión para referirse a este espacio.

Durante mucho tiempo que puede situarse hasta la década de los años 60 (Estébanez, 1986) se utilizaba preferentemente el término “agrario” cuando se hacía referencia al espacio rural, pues la preocupación esencial radicaba en los componentes del espacio ligado a la agricultura. En este sentido es suficiente consultar las obras de distintos autores tradicionalmente destacados por sus análisis de estos temas para comprobar la frecuencia de tal ambigüedad.

Pierre George, en su obra “Precis de Géographie rurale”(1963), considera a la geografía rural como la “geografía económica de la producción agrícola”, al presentar un análisis mundial de los caracteres fundamentales de la vida rural y los objetivos y dificultades de la producción agrícola en los diversos medios naturales, económicos y sociales. En la misma línea, Badouin, en la introducción a su libro “Economie Rurale” (1971), justifica el título de su libro, donde sólo se habla de economía agrícola, al señalar que el título de la obra se acomoda a la costumbre tradicional. Puesto que la literatura francesa, especialmente aquella que proviene de economistas especializados en las cuestiones agrícolas, ha preferido designar con la denominación de economía rural a lo que era economía agrícola. En cierto modo, esta identidad terminológica es fruto del peso de una tradición en la que se identificó lo rural y lo agrario, y que retrasó largo tiempo la comprensión de la nueva realidad de estos espacios, cambiantes al unísono de las diferentes bases económicas de la sociedad en general.

Esta identidad era comprensible en unos momentos en que el espacio rural se identificaba con la utilización agrícola de la tierra y, por tanto, lo rural y lo agrario se identificaban, reforzándose esta identidad cuando con el comienzo de la industrialización, se acentúa la mono funcionalidad agraria del espacio rural. El papel que al mundo rural se le va a asignar en e! marco de la economía global es el de producir alimentos y materias primas, al mismo tiempo que va a ser el suministrador de mano de obra a la actividad industrial emergente, posible porque el aumento de la productividad en la agricultura se consigue a través del progreso técnico ahorrador de mano de obra.

Este largo tiempo en el que se identificó el mundo rural con las actividades agrarias coincidió asimismo con una casi nítida separación entre lo rural y lo urbano, lo que hizo reticentes a muchos, incluidos investigadores, responsables políticos y funcionarios públicos, durante mucho tiempo, asumir lo que la evidencia empírica mostraba como diferente, es decir, que tanto la problemática de pobreza como de crecimiento rural estaban relacionadas con los fenómenos de carácter urbano e insertas en el cambio global de la economía en su conjunto. De esta manera, durante largo tiempo, los responsables de las políticas dirigidas a las zonas rurales las formularon en base a los fundamentos agrícolas que representaban vestigios de la base económica fundamental de estas áreas y las políticas de desarrollo agrario eran las predominantes. En esta línea es suficiente recordar cómo las políticas agrarias desarrolladas, tanto él nivel estatal como comunitario, se apoyaban en el desarrollo e incentivo de una agricultura productivista.

En la actualidad, cada vez menos, los residentes rurales, incluso los de áreas de agricultura extensiva, se ganan la vida en actividades exclusivamente agrícolas. Mientras que en los países en desarrollo sigue siendo sinónimo lo rural y lo agrario, en los países desarrollados o industrializados la agricultura tan sólo es una actividad más localizada en las denominadas zonas rurales, de ahí que hoy en día el espacio rural no se pueda identificar con el espacio agrícola o agrario porque en las sociedades post-industriales las actividades agro-ganaderas tienen cada vez menos presencia y el espacio rural se ha revalorizado desde otras perspectivas.

En este momento las fronteras que han separado tradicionalmente los espacios y los campos de estudio de lo agrario, lo agrícola y lo rural se han ido haciendo más borrosas (Cruz Villalón, J. 1991); asimismo, desde el momento en que lo rural no se identifica exclusivamente con la utilización agrícola de la tierra, el problema que se plantea es la definición del espacio rural o campo, en cuanto que se ha producido cierta oscuridad en los límites que han separado tradicionalmente con nitidez la frontera entre lo rural y lo urbano, propio de un mundo donde la dinámica de cambio y las interrelaciones mutuas hacen que los espacios estén absolutamente imbricados.

La evolución de la sociedad ha sido la responsable de estos cambios, ha transformando tanto las formas de hacer agricultura, la integración de esta actividad en el sistema económico, como las relaciones que se establecen entre lo rural y lo urbano. De forma que se ha pasado desde una inf1uencia unidireccional de lo urbano sobre lo rural, al papel que hoy en día está asumiendo las áreas rurales en las sociedades postindustriales, debido a las relaciones de interdependencias que se establecen entre el agro y la urbe dentro de la sociedad global.

El primer sentido de las inf1uencias, que darán lugar a un conjunto de modelos que analizaremos en la primera parte del trabajo coincide con los primeros momentos de la industrialización cuando las áreas rurales se transforman a la par que la agricultura tradicional se modifica, este proceso supone la concentración en la ciudad de los medios de producción, la tecnología, etc., ésta exige al medio rural inmediato recursos y población necesarios para su operatividad y funcionamiento. En este sentido, el medio rural queda aislado, dependiente y sometido a las fuerzas que dimanan de la ciudad que tuvo su manifestación más inmediata en el intenso éxodo rural y la consiguiente desagrarización que se produjo. En este proceso es la imposición de lo urbano sobre lo rural la que domina las relaciones entre los dos mundos. Lo rural y lo urbano se percibían como dos sociedades, dos mundos nítidamente diferenciados.

Con la crisis económica de los 70, el sentido de la influencia no es ya unidireccional, es el momento en el que entra en crisis el modelo de desarrollo industrial y, con él, el modelo de vida urbano. En esta línea se empieza a producir nuevas modificaciones en las áreas urbanas y rurales, las relaciones entre ellas cambian, fruto de las condiciones cambiantes de la sociedad. La crisis económica se ha visto acompañada por el paro y la falta de trabajo, la desindustrialización, la falta de expectativas e incluso el nacimiento de una conciencia ecológica en el mundo urbano que favorece el fenómeno de la neoruralización, en el otro extremo, en las áreas rurales, se ha producido el freno de la emigración que se ha convertido muchas veces en una reemigración.

En este contexto, el espacio rural se encuentra en un proceso de profunda transformación al exigírsele diversificar sus funciones. A partir de ahora lo rural y lo agrario cada vez se identifican menos, mientras que lo rural y lo urbano difuminan más sus límites. En este proceso se produce una recuperación del agro abandonado, pero desde una perspectiva totalmente nueva. El proceso unidireccional de dominación de la ciudad sobre el campo se transforma en un movimiento más interdependiente en la medida en que los espacios rurales son espacios incorporados paulatinamente a la dimensión global que adquieren los procesos productivos.

Con la mayor implicación de las áreas rurales a escala mundial, el cambio y el desarrollo rural se gestan en centros de decisión cada vez más alejados de las áreas rurales, por lo que incluso cabe preguntarse si el carácter remoto de las áreas rurales no ha dejado ya de ser una mera cuestión de localización (García Ramón, 1995).

A este propósito, Bonnamour (1973) señala que el mundo contemporáneo exige el concurso de urbanistas y ruralistas ya que los estudios urbanos y rurales no están disociados, puesto que se aprecia una relación cada vez más estrecha y dependiente entre el campo y la ciudad, de forma que el movimiento de antaño campo-ciudad se ha tornado también en un movimiento inverso ciudad-campo desde el momento en que el hombre trata de conectar más con la naturaleza, llegando así a constituir no sólo zona de residencia permanente, de gente que ahora utiliza la ciudad para su trabajo y necesidades, sino también importantes lugares de esparcimiento.

A modo de conclusión cabe retener que resulta bastante difícil que exista una aproximación única en torno a la concepción del espacio rural. Este se ha considerado durante mucho tiempo como sinónimo de espacio agrario y, a finales de nuestro siglo, no se puede negar que sea cierto en muchas partes del mundo, en especial en el mundo subdesarrollado. Sin embargo, en los países desarrollados, donde la densidad de población urbana es muy elevada, el espacio rural muestra una amplia y variada gama de usos, entre los que la agricultura no es la única actividad económica. En estas áreas el espacio rural es un complemento del espacio urbano y, por ello, las diferencias entre ambos son cada vez menos evidentes y notorias.

Esta evolución y cambios que se presentan en el mundo rural son objetos de análisis por parte de distintas ciencias sociales. En un intento de conceptualizar los profundos cambios que se producen en el espacio rural-urbano, ha llevado a distintas ciencias, entre ellas a la geografía, la sociología, la economía, la agronomía, etc. a definir lo rural y modelizar los fenómenos que se están produciendo en el espacio durante el proceso de cambio social. Sin embargo, resulta difícil encontrar una concepción y un modelo de lo rural admitido por todos y la realidad radica en que el hecho rural y urbano no es discernible en el paisaje de una forma precisa, aunque resulte sencillo identificar lo rural y lo urbano partiendo de situaciones extremas, pero determinar el punto de ruptura entre ambos resulta muy peliagudo. En definitiva, se constata la ausencia de un marco analítico, a la luz de las recientes transformaciones producidas en la sociedad, capaz de encuadrar con éxito el análisis de las sociedades rurales actuales.

Prof. Lic. José L. López – Geógrafo – UNCa

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