publicación digital geográfica

Hacia una geografía del alimento

Boletín de Estudios Geográficos N° 33 Fabián Araneda Oyanedel

INTRODUCCIÓN

El alimento, una de las principales razones por la cual las personas humanas trabajan, es y ha sido una necesidad elemental que en el ejercicio de su satisfacción a trazado diferentes geografías en materia de producción del espacio (de producción y de consumo del alimento). Considerado en este sentido, el alimento, advierte un carácter esencial íntimamente ligado a la producción social del espacio, el cual contiene en tanto que necesidad, específicas relaciones de producción insertas en específicas condiciones temporales y espaciales. El alimento visto desde su producción tanto como desde su consumo, configura por lo tanto disímiles relaciones de producción del espacio, las cuales organizan de manera particular tanto la producción como el consumo del alimento en el espacio.

A partir de las ideas expuestas en el párrafo anterior el presente artículo tiene por objetivo responder dos interrogantes íntimamente ligadas. La primera de ellas dice relación con el proceso que instituye el valor de cambio en la producción del alimento, y la segunda guarda sentido con el debate del tratamiento del alimento como una mercancía o como un derecho de los pueblos.

Preguntarse por la mercantilización del alimento y si éste debe ser tratado como una mercancía o como un derecho, sin duda no es una cuestión sui generis, pues se está haciendo referencia a una cuestión elemental para la reproducción social, ampliamente discutida por las ciencias sociales como por la política pública. No es de extrañar que el título Geografía del Hambre haya dado el grado de primer director de FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) a Josué De Castro, ni mucho menos que después de la Conferencia Mundial de Alimentos en 1974, la Conferencia Internacional de Nutrición en 1992 y la Cumbre Mundial de la Alimentación en 1996 se haya definido conspicuamente el concepto de seguridad alimentaria, para hacer alusión a los problemas de la producción y el consumo del alimento. Así como también no es de extrañar que para la crisis de 2008 el número de personas hambrientas alcanzara la cifra de mil millones, y que una de cada siete personas que vive sujeta paradójicamente al mundo del trabajo asalariado, no consiga una ración adecuada de alimentos (Oxfam, 2011).

No obstante, si bien no es una cuestión nueva, en el debate actual se presenta cargada de resabios burgueses pues:

1) La política desarrollista al referirse al alimento como la cuestión del hambre, disfraza las tensiones y relaciones de clase en la producción/consumo del alimento como cuestiones referentes al subdesarrollo, a la pobreza rural y a la baja productividad del trabajo agrícola.

2) La política desarrollista al referirse a la cuestión del hambre por sobre el alimento desarraiga de todo contenido cultural la producción/consumo del alimento, prefiriendo referirse a los problemas de la producción agrícola, las dificultades en el mercado internacional y los problemas de stock (almacenaje y distribución).

3) La política desarrollista al proponerse aumentar la producción del alimento, para superar con ello el desafío del hambre, plantea intrínsecamente una especie de homogeneidad en el consumo del alimento, promovido ello por medio del mercadeo y el espectáculo alimentario.

Por lo tanto, y antes de ser algo novedoso, el alimento debe ser tratado a partir del enfoque dialéctico, ello debido a que:

1) La producción y el consumo del alimento debe ser tratado como dos relaciones sociales, íntimamente ligadas y sujetas a contextos espaciales y temporales específicos.

2) Por lo tanto, el hambre y las hambrunas son productos de las contradicciones internas del capital, de su lógica de acumulación que al espacializarse reproduce la contradicción entre la producción y la circulación de la producción de capital, en la producción y consumo del alimento en el espacio.

3) El factor principal que propende el hambre, en tanto que ecológico, es el régimen de acumulación capitalista, que en la medida que precisa de la explotación de la fuerza de trabajo para asegurar la circulación del capital, requiere a la vez, del tratamiento mercantil del alimento para asegurar la reproducción misma de la acumulación y circulación del capital, es decir de la reproducción de las relaciones de producción capitalista.

Es por estas razones (los puntos arriba señalados) que para responder a las interrogantes mencionadas al inicio del artículo, primero se hará mención al proceso que instituye la definición mercantil del alimento, para en un segundo momento contribuir al debate del alimento una mercancía o un derecho de los pueblos.

Fabián Araneda Oyanedel

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